Música

Descripció: 

Actualmente, sin música y músicos no podríamos imaginarnos la Patum, pero el fenómeno es relativamente reciente en la fiesta. Antiguamente tan sólo el Tabal acompañaba a las evoluciones de las diferentes comparsas, y no fue hasta la incorporación de los Gegants en el siglo XVII, cuando hizo aparición un músico nuevo que tocaba el flabiol y un pequeño tambor. A partir del siglo XVIII se encuentran diferentes formaciones musicales, muy simples, y no será hasta finales del siglo XIX, cuando la Patum vivirá una verdadera revolución musical. El principal protagonista de esta revolución fue Joaquim Serra, autor de la música de los Turcs y Cavallets, los Nans Nous y los Plens.

Ampliació: 

La música de la Patum es un fenómeno claramente dual, ya que existe una dicotomía entre las piezas tradicionales y las de creación exclusiva para la celebración de la Patum. Las influencias en su música, también son diversas, desde piezas en las que se observa una clara ascendencia medieval, renacentista o barroca, influencias de música culta, o incluso todo lo contrario, composiciones que derivan de melodías populares adaptadas a lo largo de los siglos a parámetros más contemporáneos. En cuanto a las melodías tradicionales de carácter popular, ha de afirmarse que su conservación hasta prácticamente la actualidad se debe a la transmisión oral que de generación a generación se ha llevado a cabo durante siglos.

El compositor más importante de la Patum ha sido Joaquim Serra i Farriols (Berga 1834-1906), autor de las partituras de Turcs y Cavallets (1888 o 1890), de los Plens (1888 o 1890) y de los Nans Nous (entre 1890 y 1900). De todas maneras, no puede obviarse que sin restar importancia a esta incorporación musical, el Tabal, el más antiguo y primigenio instrumento de la Patum, continúa dirigiendo con su repique la celebración.

Otro importante compositor de la Patum fue Joan Trullàs i Vivó (Sallent, 1921), creador de la partitura de las Maces (1963), composición que sólo es interpretada en la Patum de Lluïment, ya que en la Patum Completa, dicha comparsa continúa saltando al ritmo que marca el Tabal. Las Guites, son la única comparsa de la celebración que no dispone de música propia. Su música es el sonido del Tabal, lo cual implica una clara continuidad de la tradición.

Las melodías de los Nans Vells y de los Gegants, al compartir la misma forma musical, pueden intercambiarse y utilizarse sin distinción tanto para la una como para la otra comparsa. Las composiciones del Tirabol, La banya de bou y Ella s'ho pensa, son piezas con claros orígenes en el Pallars Sobirà y con influencias de raíz occitana. El resto de Tirabols, son un pasodoble y dos valses jotas, compuesto uno de ellos por Lluís Sellart i Espelt (Berga, 1985-1952).

De todas maneras, de entre todas las melodías que integran las músicas patumaires, es la del Àliga la más monumental, distinguida y delicada de las que pueden escucharse durante la celebración. Dicha composición, es interpretada por el Àliga de Berga, según la documentación conservada desde 1756, aunque probablemente ya se hiciese con anterioridad. Su conservación, se ha debido a la transmisión oral, aspecto que también comparten las melodías tradicionales de los bailes de Gegants, las cuales derivan del cancionero popular anónimo. La importancia de este tipo de transmisión es tan grande en la Patum, que cuando se disolvió la orquesta que durante casi cien años (de 1889 a 1970) interpretó la música de la fiesta, Els Saletes, tuvo que recurrirse nuevamente a ellos, con el propósito de que cantasen nuevamente las melodías para que así pudiesen transcribirse a partituras, y de este modo poder ser interpretadas por otros músicos sin necesidad de que las aprendiesen de memoria.

Aprofundiment: 

El primer aspecto que se ha de destacar cuando se analizan las músicas de la Patum, es la dualidad existente entre las piezas tradicionales, melodías populares que se han adaptado a lo largo de los siglos, y las piezas exclusivas de la Patum. De todas maneras, también es necesario destacar una amplia línea cronológica que incluye desde piezas con clara ascendencia medieval hasta composiciones relativamente modernas, pasando por influencias renacentistas y barrocas, de música popular y música culta. Este cúmulo de circunstancias ha hecho que en la Patum convivan obras musicales en las que se conoce el autor y otras de autor anónimo. Se ha de afirmar que la mayor parte de músicas patumaires, especialmente las tradicionales de carácter popular, se han transmitido oralmente durante siglos y algunas de ellas prácticamente han llegado de esta forma hasta nuestros días.

Sin duda, el principal compositor de la Patum fue Joaquim Serra i Farriols (Berga, 1834-1906), quien compuso las partituras de los Turcs y Cavallets (1888 o 1890), de los Plens (1888 o 1890) y de los Nans Nous (entre 1890 y 1900). La de los Turcs y Cavallets destaca por la brillante dimensión rítmica de su música y fue uno de los aciertos renovadores más grandes de la Patum en las postrimerías del siglo XIX. Hasta ese momento, la comparsa había evolucionado exclusivamente al ritmo del Tabal. La música de los Nans Nous es muy fresca, y se ha acabado convirtiendo en la más popular y divulgada de las músicas de la Patum. Aunque compuesta en la década de 1890, parece ser que estuvo inspirada en un ballet tradicional cronológicamente muy anterior. Por otra parte, la de los Plens es una de las más geniales de las músicas de la Patum. La idea de una melodía rimada a dos por cuatro, imitando un movimiento continuo es tan simple como genial. Pero incluso, con esta incorporación musical, el Tabal, el antiguo y primigenio instrumento de la Patum, continúa repicando por su cuenta.

La de las Maces es la más moderna de las músicas de la Patum (1963) y es obra de Joan Trullàs i Vivó (Sallent, 1921). Esta melodía sólo es interpretada en la Patum de Lluïment. En la Patum Completa, las Maces continúan saltando al ritmo que les marca el Tabal, tal y como habían hecho desde sus orígenes. También es el Tabal el único instrumento que acompaña a las Guites en sus saltos. Las Guites son la única comparsa de la Patum que no disponen de música. El mantenimiento de este primitivo instrumento acompañando a estas comparsas (documentadas desde las primeras referencias conocidas de la fiesta) implica una marcada continuidad de la tradición.

Las melodías de los Nans Vells y de los Gegants tienen la misma forma musical, son intercambiables y se utilizan indistintamente para la una y la otra comparsa. Una primera parte a ritmo de vals y una segunda, el "rebatut", a compás binario, caracterizan a los bailes existentes. La mayor parte de estos bailes responden a adaptaciones de melodías populares catalanas, muchas de ellas documentadas desde finales de la edad media o inicios de la época moderna (A la torre xica, La Dansa dels Falgars, A Gironella, L’Espunyolet, El pobre pagès, etc.). También es necesario citar a otros autores locales que han compuesto algún baile de Gegants y Nans Vells a lo largo de la historia: Marià Miró (Berga, 1884-1963), Jaume Sala (Berga, 1887-1971) y Francesc García Carretero.

Las composiciones del Tirabol conocidas con el nombre de La banya del bou y Ella s’ho pensa son piezas musicales con raíces en el Pallars Sobirà y con una influencia occitana muy marcada. El resto de los tres Tirabols responden a las modas del momento y así se incorporaron, un pasodoble y dos valses jotas, uno de los cuales fue compuesto por el bergadán Lluís Sellart i Espelt (Berga, 1985-1952).

De todas las músicas de la Patum, se ha de destacar la del Àliga, que tiene, sin duda, la melodía más monumental, distinguida y cuidada de las que pueden escucharse en la Patum. Musicalmente, el baile del Àliga es una composición que se presenta dividida en dos partes; una primera más reposada y solemne y una segunda caracterizada por un ritmo más frenético. Esta pieza ha llegado a definirse como una de las tres más geniales de la música tradicional catalana. Su frase musical es de una inspiración gigante, solemne, cargada ella misma de una especie de "angustia" por su tono menor que poco a poco va alzándose serenamente hacia un ritmo más saltarín, parafraseando una escala de evidente regusto oriental. Este baile, adornado durante el Renacimiento, se interpreta por el Àliga de Berga desde 1756, aunque con toda seguridad, anteriormente era interpretado en otras celebraciones. Posiblemente, esta música fue transmitiéndose, generación tras generación, de forma oral, llegando hasta la ciudad de Berga proveniente de Barcelona o de alguna otra localidad catalana que disponía de este distinguido elemento de imaginería popular.

De hecho, no extraña este tipo de transmisión oral, ya que las melodías tradicionales que acompañan a los bailes de Gegants también han llegado a la actualidad a través del cancionero popular anónimo, un cancionero basado en la tradición oral. Podría servir como ejemplo para ilustrar la importancia que la transmisión oral ha tenido para la música de la Patum, la disolución de la orquesta que interpretó la música de la fiesta durante casi cien años. Esta formación, La Principal del Berguedà, conocida popularmente con el nombre de Els Saletes, interpretó la música de la Patum de forma prácticamente ininterrumpida desde 1889 hasta 1970, año en que la formación se disolvió debido a la avanzada edad de sus miembros. Al año siguiente, el grupo de músicos bergadanes que interpretaron la Patum, tuvieron que acudir a los músicos de Els Saletes para que éstos les cantasen las partituras y así poderlas transcribir, ya que tocaban de memoria y no habían escrito las músicas.

Un elemento característico de las músicas de la Patum es la falta de letra, aunque diversos literatos han escrito poemas adaptables a la música de las diferentes comparsas. Lo que queda, como un verdadero tesoro arqueológico, son las pequeñas muestras de letras inventadas y adaptadas por el pueblo en momentos concretos de la música de algunas comparsas. El primitivismo y la simplicidad de muchas de sus partituras contrastan con la riqueza extraordinaria de alguna de las piezas, lo que permite dar una impresión de unidad total.