Plens
Son el espectáculo más grande de la Patum; su momento culminante; la apoteosis de la fiesta. Los Plens, que antiguamente habían formado un único cuadro escénico con las Maces y que deben su nombre al hecho de van plens –llenos- de fuego, están documentados desde 1628. Cuando se apagan las luces y comienza la música, la plaza se convierte en un infierno de fuego con mil cohetes quemándose al mismo tiempo. Los Plens evolucionaron únicamente al ritmo del Tabal hasta finales del siglo XIX, cuando Quimserra compuso la música con la que bailan actualmente.
Los Plens, que antiguamente habían formado un único cuadro escénico con las Maces y que deben su sombre al hecho de van plens -llenos- de fuego, están documentados desde 1628.
El salto de Plens tan sólo tiene lugar por la noche. Es uno de los grandes espectáculos de la Patum. Se apagan las luces de la plaza, y la gente, saltando al ritmo y a los acordes de una música compuesta por Joaquim Serra entre 1888 y 1890, baila mientras se encienden los mil cohetes que llevan los cien Plens que participan en el espectáculo: la plaza de Sant Pere parece convertirse en un auténtico infierno.
El único cambio remarcable que han vivido los diablos bergadanes es la multiplicación de su nombre. Sobre todo a partir de la década de los ochenta del siglo XX, el número de Plens fue creciendo desmesuradamente hasta sobrepasar de largo, el número de Plens por cada salto, acuerdo que continúa vigente.
Los Plens, comparsa documentada desde 1628 y que antiguamente había formado un solo cuadro escénico con las Maces, deben su nombre al hecho de que van plens -llenos- de fuego.
La primera cita conocida en Cataluña sobre el baile de diablos se sitúa en el año 1150, durante el banquete conmemorativo de las bodas del Conde de Barcelona Ramón Berenguer IV y Petronila de Aragón. En aquel banquete tuvo lugar una representación de la pelea de unos diablos capitaneados por Lucifer contra una corte de ángeles dirigidos por el arcángel San Miguel. Lo que más llama la atención es la gran antigüedad de la cita, muy anterior a la institución de la festividad del Corpus, verdadera aglutinadora de toda esta serie de manifestaciones. Este hecho ayuda a mantener la idea de una relativa continuidad de costumbres y tradiciones heredadas desde tiempos pretéritos, cuyo origen se encuentra desvinculado de la festividad del Corpus. Una festividad que, llegados los siglos XIV y XV, reformará su contenido ideológico y simbólico. Precisamente, las siguientes citas conocidas del baile de diablos se sitúan en el siglo XV y, mayoritariamente, en el ámbito del Corpus.
Sin embargo, antes hay que mencionar una noticia correspondiente a Tarragona en 1387, cuando el consejo municipal decidió que se hiciese una cara o cabeza de diablo, es decir, de la máscara. Una máscara (carota o careta en Berga) que uniría simbólica y conceptualmente a los diablos bergadanes con las agrupaciones conocidas en la Cataluña Nueva. Esta máscara, que da impunidad, relacionaría los diablos con una determinada función policíaca, de control, uniéndolo con los esparriots destinados a abrir paso y que encontramos documentados en diferentes lugares. Quizá una de las primeras funciones de los Plens, consistía en hacer mantener el orden dentro de la procesión del Corpus, conformándose así en este contexto del Corpus medieval, el entremés del Infierno, la escenificación de la lucha del Bien contra el Mal.
Debido a los parecidos existentes, podría considerarse que el origen de los diablos festivos que se encuentran actualmente en la Cataluña Nueva y en los Plens de Berga, tuvo que ser el mismo y su evolución igual o muy parecida durante los primeros tiempos, ya que se han documentado muchas más semejanzas que diferencias. Después, debido a las prohibiciones, a las particularidades locales o a diversos procesos de aislamiento por lo que a la comarca de Berga respecta, ambos tipos de representaciones tomaron caminos más o menos divergentes. Los Plens de la Patum presentan una forma más primitiva, menos evolucionada, prácticamente fosilizada. Quizá la lejanía geográfica entre las dos zonas, y el hecho de que en Berga este elemento quedase prácticamente aislado respecto a los que se mantuvieron en el resto del territorio catalán, supusieron un menor desarrollo de este entremés en la ciudad. La prueba de esta evolución ininterrumpida en Berga la podría aportar el mantenimiento de ciertos elementos primitivos que se han perdido en el resto del país, es decir, sus tres elementos esenciales: la máscara o carota, la vidalba y el tipo de cohete.
Los diablos bergadanes no sufrirán cambios importantes hasta las postrimerías del siglo XIX. Antes, únicamente habrán vivido el incremento de los dos diablos documentados desde el siglo XVII a cuatro, multiplicación que podemos situar con toda seguridad entre 1790 y 1828. Será a finales de la decimonovena centuria cuando comenzó a documentarse una incipiente diferenciación de los diablos bergadanes en dos categorías: las Maces y los Plens, es decir, una representación mimada (salto de Maces) y un salto de fuego (salto de Plens).
En Berga se comienza a documentar la diferenciación entre el baile de diablos y el de diablos de Plens en el último tercio del siglo XIX. A pesar de todo, sin embargo, los propios bergadanes no tomaron conciencia de participar en dos saltos diferentes hasta la segunda década del siglo XX.
El salto de Plens sólo tiene lugar por la noche. Es uno de los grandes espectáculos de la Patum. Cuando se apagan las luces de la plaza, la gente salta al ritmo de una música impactante compuesta por Joaquim Serra y baila mientras se encienden los mil cohetes que portan los cien Plens que participan en el espectáculo.
